Título: El arte; Conversaciones imaginarias con mi madre

Guión y dibujo: Juanjo Sáez

Editorial: Mondadori

No es una novela ni un comic, es un nuevo género híbrido: "literatura gráfica", como le gusta llamarlo a Juanjo Sáez (Barcelona, 1972), artista, dibujante, publicista, que se ha aventurado en el mercado editorial con un experimento literario que, a la vista de su situación entre los libros más vendidos, definitivamente ha conectado con el gran público.

El Arte. Conversaciones imaginarias con mi madre, en un primer momento parece un libro pedagógico con ilustraciones dedicado al publico infantil. Pero nada más lejos de la realidad. En la senda naif patentada por Mariscal, "soy un poco sobrino suyo en el concepto artístico", el libro parte de un planteamiento audaz: mezclar interpretación y conceptos artísticos sobre algunos aspectos del arte contemporáneo pero dirigidos al público no especializado con una estética de viñeta.

Sáez repasa la obra de artistas a los que admira y respeta, independientemente de las críticas que le suscite su labor: entre ellos se encuentran Alexander Calder, Chillida, Joan Miró, Tàpies, Andy Warhol, Dalí, Beuys o Picasso.

Unos diálogos ficticios con su madre le sirven para abrir un terreno en apariencia tan vedado al gran público como el arte contemporáneo. "Después de estudiar arte me aparté decepcionado durante años de ese mundo y este libro fue como un reencuentro".

La idea le asaltó, explicó ayer, tras una visita al Guggenheim. "Pensé al verlo en mis padres, a los que el arte les da bastante igual. Cuando vi este museo me dije que para ellos podría ser perfectamente una práctica como visitar la catedral de Burgos".

Sáez defiende las virtudes de este formato a caballo entre el cómic y la narrativa. "Va más acorde con nuestro modo de vida y es ideal para estos tiempos en los que no hay tiempo, se vende poco y se lee menos porque, como dice Serrat, vamos estresados de ocio: creo que el presente es más del cómic que de la novela".

El libro ha sido escrito "desde el punto de vista del espectador, no del teórico que analiza la situación del arte contemporáneo". Los dibujos que acompañan al texto son un ejemplo de la mínima expresión gestual y gráfica que defiende su autor. "Me gusta reducir las imágenes a lo imprescindible para que se entienda la narración".