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BLANKETS, una huella en la nieve...

por Roberto Goñi Ruiz

Publicado originariamente en 2007 en la web de la La Casa de los Malfenti (Nº25).

 

 

No hace mucho escuché al gran dibujante portugués José Carlos Fernandes ("La peor banda del mundo") afirmar que el momento clave que determinó la mayoría de edad del cómic fue la aparición del “lomo” en el mismo. Ahora ya podemos colocar a esos hermanos pobres de la literatura culta en la ansiada librería. Ya podemos llamarlos “novelas gráficas” en vez de tebeos y la gente empieza a no poner cara de póker cada vez que en un grupo literario o tertulia se te escapa un comentario sobre el último cómic que has leído. Y uno de los dibujantes que han contribuido a dotar de esa anhelada seriedad al cómic ha sido el norteamericano Craig Thompson. Sólo es necesario tomar en nuestras manos su hermosa novela gráfica “Blankets”, un cómic de 600 páginas con el que confirma el potencial mostrado en su primera obra, “Good-bye, Chunky Rice”.

Pero la razón por la que he elegido este voluminoso cómic como objetivo de mi artículo no está en el enorme “lomo” que exhibe, (cómo ya habrá intuido el lector) sino en otra serie de valores. Sirva como aperitivo pues este breve comentario…

 

 

El subgénero de la "autobiografía" en el mundo del cómic no es nuevo, pero sí de uso reciente. Se ha necesitado de un poso, la madurez de la historieta como medio, la reivindicación del cómic más personal, de autor, y la posibilidad técnica, en muchos casos, de la autoedición por parte de los creadores para que produjera este fenómeno. El caso es que en los últimos quince o veinte años, estamos viviendo un auge de las historias contadas desde el propio yo, un striptease desinhibido de autores que hasta no hace mucho estaban más preocupados en historias de ciencia ficción o relato negro…

En Blankets, el norteamericano Craig Thompson se incorpora a esta corriente, no sin antes echar la mirada atrás, hacia sus precedentes y a un lado, hacia sus colegas actuales de profesión. Asumiendo todo este conocimiento se pone manos a la obra y crea una obra íntima, sincera e intensa.

La historia es más o menos simple… Habiendo nacido en una pequeña ciudad del rural Wisconsin, rodeado de la presencia amistosa de su hermano Phil y la abrumadora presión de unos padres fundamentalistas cristianos, el joven Craig intenta negociar una de por sí complicada adolescencia con un torrente de sentimientos encontrados en los que la religión desempeña un papel fundamental. Día a día bebe de una religiosidad que anula cualquier otro pensamiento pecaminoso.

La realidad de la infancia y juventud de Craig está constituida por una permanente mezcla de sentimientos, verdades y hechos encontrados. Finalmente asume su papel en el escenario y se mimetiza en ese entorno cristiano. De hecho, hasta se plantea dedicarse a tiempo completo a esa religión que tanto le abruma.

Será en un campo religioso de invierno (una especie de convivencias) donde Craig conocerá a una chica llamada Raina. Tras el mismo, comenzarán a enviarse cartas y regalos. Forzando los hechos, al estilo de cualquier otro adolescente, consigue el consentimiento de sus padres para pasar dos semanas en la casa de los padres de Raina. Allí descubrirá otros senderos de la realidad: los padres cristianos de Raina planean su divorcio y la chica tiene que dedicarse en cuerpo y alma al cuidado de un hermano retrasado…

 

 

Y no hay más… La esencia de la historia es ésta. El material no parece por sí mismo justificativo de una obra tan extensa –de hecho el mismo Thompson ha mencionado que él “quería escribir una novela gráfica realmente extensa en la que no pasara nada, estructurada sobre una experiencia emocional”. Y es precisamente en este punto donde radica la intensidad de la obra. Dejando aparte la historia, la tensión dramática de Blankets se sustenta en la simplicidad de la línea argumental y en el elaborado medio utilizado para su expresión. Thompson posee una facilidad natural para el dibujo, un dibujo suelto, expresivo, a medio camino entre el realismo y la caricatura, controla los matices de su grafismo y lo adapta a las circunstancias, poniéndolo al servicio de la narración. Evita el uso del color y aprovecha la aparente simplicidad del blanco y negro para comunicar de forma brillante y clara, aprovechándose de su gran conocimiento de la composición y la perspectiva. Thompson cambia de motivos y momentos narrativos con un limpio sentido del ritmo: la nieve, los árboles sin hojas, las camas y la manta, son imágenes llenas de sentido simbólico aportando de este modo al medio (el cómic) algo más que prosa descriptiva.

El tratamiento de los personajes también es peculiar. Thompson no sólo conoce perfectamente a sus personajes, sino que deja traslucir el cariño que siente por ellos. Curiosamente, evita juzgar a los demás, pero cuando se trata de hablar de sí mismo se convierte en un juez implacable, ejerciendo una autocrítica brutal que sin duda es fruto de su sinceridad. Blankets, se convierte de este modo en un ejercicio de autorreflexión muy madurado. Antes de escribir o dibujar, el autor ha pensado mucho en su historia y, sin querer plantear un exorcismo basado en la búsqueda de responsables (al estilo de obras como “Por qué he matado a Pierre” de Olivier Ka y Alfred), expone las situaciones tal y como él las ha vivido, sin engañar al lector, buscando el camino psicológicamente más complejo.

Para recorrer este arduo camino, Thompson se vale de un amplio abanico de recursos visuales, aprovechándose de este modo del potencial del medio; prácticamente todas las figuras adultas (al menos las dotadas de un fuerte sentido de la autoridad) aparecen como gigantes, chocando sus figuras abultadas contra los bordes de las viñetas; sus personajes principales son dibujados de diferente modo (la nariz de Craig es angular, muy al estilo “cómic”, mientras que las características faciales de Raina se describen a través de curvas suaves) consiguiendo que de forma sorprendente todo funcione armónicamente; utiliza criaturas angelicales y demoníacas para representar su fuerte imaginación (cuando Craig y Raina van a dormir por primera vez el uno junto al otro ella se le aparece brillando y acompañada por un grupo de ángeles).

 

Autoretrato de Craig Thompson

 

No es difícil, para algunos (sobre todo para los que superen los treinta y tantos años y que hayan soportado la asfixiante atmósfera religiosa reinante en el pasado en nuestro país), reconocer las dudas, las reflexiones, los miedos y el anatema del pecado que siembran el desconcierto en el Thompson adolescente, ni su incertidumbre ante el sexo, la distancia marcada en su relación con los adultos o la búsqueda de referencias propias. Por lo tanto, Thompson utiliza elementos de raigambre universal para comunicarse, rejuveneciendo temas tan conocidos como los del aislamiento social, el sentimiento de culpa religiosa, y el primer amor. Temas cuya vitalidad a menudo ha sido oscurecida bajo dramas demasiado trillados e innumerables clichés. Hacia el final de su novela gráfica Craig reflexiona mientras camina sobre la nieve…

“Qué satisfacción produce dejar una marca en una superficie en blanco. El dibujar un mapa de mis movimientos sin que importe que no sea para siempre”.

Y eso es precisamente lo que hace Craig Thompson en Blankets: dibujar, a través de su relato sincero e intenso, una maravillosa huella sobre una superficie de blanco puro.

 

 

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