José Carlos Fernandes

Fuente: www.guiadelcomic.com

José Carlos Fernandes (Loule, 1964) es un autor portugués que pese a su estreno tardío en el cómic (en 1989, a los 25 años) ha llevado desde entonces un notable ritmo de producción (1500 páginas en unos 12 años, según indica Devir). La Peor Banda del Mundo (1): El Quiosco de la Utopía es su primera monografía publicada en España, aunque el trabajo de este autor ya se había visto en España en el Catálogo de las Xornadadas de Oursense y en el fanzine barcelonés Héroes de la calle.

 

Entrevista a José Carlos Fernandes

Fuente: www.bedeteca.com

José Carlos Fernandes: apoteosis musical de los perdedores

Quim Pérez

La difusión en nuestro país del cómic portugués cumple con los peores tópicos: tan cerca, tan lejos. La editorial Devir se propuso desmontarlos y eligió, con muy buen tino, como abanderado a José Carlos Fernandes con su serie "La peor banda del mundo" (LPBM).

De entrada, una pregunta contundente ¿Quién es José Carlos Fernandes (Loulé, 1964)?

¡Uff! Yo he llegado muy tarde a los cómics. Soy una rara avis porque he empezado a hacer cómics a una edad, los 25, a la que en Portugal una gran parte de los autores lo deja. Yo hago cómics sobre todo para descolocar a los lectores. Para sacarlos de su lugar habitual y moverlos a cuestionar los datos adquiridos de la vida y de lo cotidiano. Cuándo los escribo también intento descolocarme de mis hábitos de raciocinio y de pensamiento.

¡Es una aventura filosófica!

Un poco. Decía el filósofo Benjamin Constant que “En ciertos momentos, es necesario recorrer todo el círculo de la locura para poder regresar a la razón”.

¿Tú has dado esa vuelta y has encontrado algo?

Estas historias que parecen completamente absurdas e irracionales y que parecen hablar de un mundo poblado de lunáticos, en el fondo se refieren a nuestra sociedad con la forma de una parábola. Intento analizar algunos comportamientos y posicionamientos del hombre hacia la sociedad y hacia los otros hombres. Mi idea no es tanto ofrecer respuestas como plantear preguntas. Sólo espero motivar al lector para que reflexione y llegue a su propia conclusión.

¿Por qué el cómic y no la poesía o la narrativa, por ejemplo?

Eso es un misterio sin respuesta. Nunca he pensado en escribir textos que pudiesen sobrevivir sin imágenes. No me preguntes por qué pero, al menos, necesito tener ilustración para expresarme. Posiblemente, podré algún día escribir un texto que exista como texto autónomo. Pero, por una razón misteriosa —digo misteriosa porque cuando empecé nunca había escrito nada y nunca había dibujado ningún cómic—, sentí que el cómic era mi medio de expresión.

 

‘JAZZ’ Y VIÑETAS EN EL MISMO PÁRRAFO

¿Toda tu faceta creativa está volcada en los cómics?

Actualmente sí. He tenido una banda de rock, que empecé al mismo tiempo que los cómics, pero eso ya está cerrado. Se llamó Dead City Radio y no grabamos ningún álbum. Teníamos influencias de Smashing Pumpkins; con las debidas distancias, claro está.

Tus cómics tienen música y tú la haces constar en los créditos.

Aquí hay dos cosas diferentes. Por un lado, el jazz es un pretexto, un ambiente, una temática recurrente de estas historias. Por otro lado, la música es la forma de arte más abstracta que existe. No es narrativa, no representa nada, nunca podrá ser puesta en imágenes o en textos porque son formas de expresión completamente diferentes. Mas, de todas formas, hay reflexiones que se pueden hacer en forma de música que pueden aportar algo a los textos. Hay un pianista que considero fundamental para la historia del jazz, y es Thelonius Monk. En su época no era apreciado por la crítica ni por el público más conservador porque tenía una técnica que algunos consideraban muy mala, decían que no sabía tocar. Sus melodías están llenas de ángulos extraños. Parece que siempre esté tocando la nota que está al lado de la correcta y en el tempo ligeramente adelantado o ligeramente retrasado. El jazz moderno, el que no se limita a repetir los modelos anteriores de los años cuarenta y cincuenta, ha estado muy influido por Thelonius Monk. Y, en cierta forma, esta galería de personajes que aquí hago desfilar también tienen algo que ver con estas notas fuera de tempo. Son fracasados, son losers porque siempre tocan la nota errada en el momento errado. Todos estos personajes tienen ocupaciones extrañas pero, además, con esas ocupaciones no se realizan. La melodía subyacente a todas estas historias es la melodía oblicua llena de ángulos extraños de Thelonius Monk. Una melodía completamente opuesta al smooth jazz o jazz “digestivo”; el jazz que se puede escuchar de manera serena con un whisky en la mano, el jazz que toma los caminos más trillados, el jazz que piensa que la última innovación digna de atención fue Kind of Blue, de Miles Davis, en 1959. Un ejemplo de smooth jazz (tan smooth que casi no es jazz) sería Diana Krall; otro Wynton Marsalis. La verdad, el 90% del jazz que se toca hoy en día es bastante reaccionario. Es como si el público de los cómics pensase que la última gran innovación han sido Tintín o Spirou.

¿LPBM debe leerse con esa banda sonora?

Son mis discos favoritos, no son exactamente los discos que escucho mientras dibujo. Para mí escuchar música es una actividad exclusiva. Pongo un CD, me siento y escucho. Cuando dibujo escucho música, pero para mí es ruido de fondo, no es propiamente escuchar música. Esta lista es una forma de compartir con el lector algunos de mis gustos y reivindicar un poco el jazz moderno, que está muy maltratado por la crítica y los medios especializados. Podrías considerarla una pista para investigar.

Quisiera aclarar que cuando hablo de Thelonius Monk no me refiero estrictamente a él, sino que lo nombro como símbolo de todo ese jazz no convencional: John Coltrane, Charles Mingus, Eric Dolphy y Duke Ellington, entre los clásicos; y Dave Douglas, Tim Berne, Ken Vandermark, John Zorn, Louis Sclavis, Ellery Eskelin, Italian Instabile Orchestra, Myra Melford, Michel Portal, Rabih Abou-Khalil, Bojan Zulfikarpašić, entre los contemporáneos.

 

ARTIMAÑAS DE BUEN EMBAUCADOR

Empezaste tarde, pero eres exageradamente fecundo y esto me lleva a plantearme dos cosas. O tienes mucho que decir o no te sabes callar...

[Risas] Es una pregunta difícil, cómo saber la diferencia entre una cosa y otra; solamente depende del juicio del que está leyendo.

Por eso, voy al autor y le pregunto.

Espero, sinceramente, saberme callar a tiempo. Uno de los espectáculos más lamentables que existen es el de un autor que no se sabe callar. Las historias me surgen en períodos muy cortos. LPBM es la única serie que he ido continuando. Yo hacía historias en forma de one-shot una tras otra. Las hacía, las dibujaba y las olvidaba porque lo hecho allí ya estaba hecho y olvidado.

¿Tienes la sensación de repetirte?

No. Cuando me repita espero tener la lucidez necesaria para parar. Yo tenía los cinco primeros volúmenes terminados antes de publicar el primero. Los hice porque tenía historias que me parecieron que eran suficientemente diferentes entre sí para justificar que siguiese haciendo volúmenes. Lógicamente, hay temas que acaban por ser recurrentes porque son mis preocupaciones y mis centros de interés principales, pero eso sucedería igualmente si cambiase de serie y de personajes.

¿Por qué no una única trama más compleja en lugar de decenas de anécdotas cortas?

Me gusta mucho leer novelas y cómics con líneas narrativas largas, pero ésa no es mi vocación como creador. ¿Por qué? Hay cosas que ni se entienden ni se explican. Nadie pregunta a un corredor de cien metros por qué no corre el maratón. Yo debo ser de los de carrera corta... Si trabajase con tramas largas, lógicas y ordenadas, habría cosas de las que querría hablar y no podría porque, seguramente, quedarían fuera de la trama. A mí esta diversidad me gusta y no veo la necesidad de que estos libros sean más que recopilaciones de historias diferentes con ambiente común.

En uno de los dos primeros volúmenes, ahora no recuerdo cuál, hay una historia sobre el carácter aleatorio de la vida. Un personaje se queja de que las personas viven la vida y la mayor parte de las cosas que les acontecen no configuran un sentido global. En la ficción todo lo que acontece se une al final y acaba configurando un sentido, lo cual resulta para el lector muy reconfortante.

De La peor banda del mundo hay publicadas en España y Portugal cuatro entregas, editadas todas por Devir, tituladas: El quiosco de la utopía, Museo nacional de lo accesorio e irrelevante, Las ruinas de Babel y La gran enciclopedia del conocimiento obsoleto. Además, Fernandes tiene dos álbumes escritos y dibujados, e ideas para un par de ellos más. Las ediciones inglesa y francesa están planeadas pero todavía no tienen fecha de lanzamiento. La reimpresión del primer volumen en castellano y portugués sí que parece más inminente. También, la revista TOS viene publicando unas historietas de tono amargo pertenecientes a su álbum Daqui a pouco (1998).

LPBM son álbumes de historietas de dos páginas sobre personajes muy peculiares que se mueven en un entorno muy concreto —pero no identificable con un tiempo o un lugar reales—, teñido por la estética de los años cincuenta —aunque llena de anacronismos— y un ambiente desangelado al que los tonos sepias y apagados del dibujo le sientan muy bien.

Los músicos de esta desastrosa banda musical sólo sirven de hilo conductor del conjunto para que no parezca tan caótico. El conjunto cobra un aspecto de red o de partida de billar. Cada capítulo sería el turno de un jugador donde las bolas-personajes y las bolas-lugares urbanos chocan azarosamente entre sí y establecen vínculos de conexión no jerarquizados.

Tu formación académica es de técnico ambiental…

Es muy difícil de explicar. Yo estaba haciendo una carrera académica de investigación e investigaba los efectos de los metales pesados en las plantas. Incluso tenía algún artículo publicado en revistas especializadas internacionales. Un día descubrí que no era eso lo que quería hacer y lo dejé correr. Lo más extraño es que no sabía lo que quería hacer. Ni siquiera tenía alternativa. Yo nunca había hecho cómics ni había pensado en hacerlos hasta que descubrí que eran mi vida y no la interacción de los metales pesados en las plantas.

Pero algo deben tener los cómics para que llegues al punto de que ese interés se convierta en expresión artística.

Ahí entran las capacidades que tú tienes. Probablemente, si tuviese talento musical, quién sabe, hubiese seguido una carrera musical, pero no lo tengo. Descubrí por azar que tenía, supongo, un talento para escribir y dibujar, y para articular las dos cosas. A un amigo mío lo invitaron a participar en un “fanzine” y me convenció para que yo hiciese una historia. Así comenzó todo.

Por tu formación científica deberías ser alguien interesado por la naturaleza, pero cuando te decides a hacer cómics la naturaleza no aparece por ninguna parte. Me parece algo contradictorio…

De hecho, está ausente de todas estas historias urbanas. El medio urbano me parece más estimulante para situar historias de ficción que el medio rural o natural. Una cosa es lo que conocemos, otra cosa son nuestras opciones de vida (vivo en medio de la naturaleza, cuando, desde el punto de vista de mi trabajo, sería mejor vivir en Lisboa) y otra cosa son los asuntos sobre los cuales tenemos alguna cosa que decir. Me gusta vivir en medio de la sierra de Algarve, pero no siento ninguna inclinación por hacer cómics que ocurran en este espacio. Tengo conocimientos muy diversos: sobre la absorción del cadmio por microalgas, sobre la dinámica de los movimientos osmóticos del agua en las plantas y sobre la ascensión y declive de la viola de gamba, pero no pienso, para tranquilidad de los lectores, hacer historias sobre estos asuntos.

Si alguien me preguntase de qué van tus cómics, diría que de personas. ¿Es la figura humana tu unidad mínima de sentido?

A mí lo que me gusta dibujar es a las personas. Los escenarios los dibujo porque tienen que estar ahí, por obligación, para mí dibujar interiores (objetos, mobiliario, ventanas, etc.) es un sacrificio. El ser humano es la cosa más interesante que existe y es la materia prima para mi trabajo artístico.

Hablemos de Indeseables, el libro de Pep Torres editado también por Devir que tú has ilustrado. Es un tratado jocoso que cataloga con un fino sentido de la observación y un humor zumbón aquellas personas que nos rodean y cuya única finalidad en la vida parece ser fastidiarnos. Si yo fuese editor no hubiese encontrado un ilustrador más idóneo que tú para él; a pesar de que hay ilustradores (Mattotti, Max o Prado) que me gustan muchísimo.

Gracias por el cumplido, pero seguro que cualquiera de ellos lo haría mejor que yo. El proyecto surge de Pep Torres, que había trabajado antes para Devir. Hablamos, intercambiamos ideas y cuando le llegó el momento de buscar un ilustrador pensó en mí. Él me dio los textos y yo hice las ilustraciones. Tienes razón, porque tiene que ver con el tipo de materia con la que acostumbro a trabajar. Me sentí cómodo. Yo estoy acostumbrado a trabajar para mí y por eso no sufro imposiciones. No es frecuente que tenga encargos específicos. Soy muy renuente a aceptar encargos porque sé que se convertirán en una tortura. Éste ha sido un encargo placentero.

¿A juzgar por tu obra no pareces un historietista que te nutras de tebeos?

Hay tebeos que son muy importantes para mí. Tú has mencionado a Prado y Mattotti, que para mí son dos nombres absolutamente fundamentales. Muchas veces la gente que está dentro del medio de los tebeos tiene una alimentación monótona, aunque ahora el medio es muy rico y diverso. Pero a mí me gustan otras cosas como la literatura, la poesía, etc. Hay tebeos que son fundamentales como algunos libros, están a un mismo nivel, no forman un grupo aparte. Los tebeos son mi medio de expresión, pero no mi punto de interés central.

Una maldad. Tal vez como tus referentes son tan variados y no están demasiado centrados en los tebeos como comentas, una consecuencia de ello es que gráficamente no eres muy potente.

Estoy de acuerdo con lo que dices. Reconozco mis limitaciones como dibujante. A veces hay historias que quisiera contar y que no cuento porque no sería capaz de dibujarlas. Con la serie Black Box Stories decidí que lo mejor era entregar las 113 historias cortas a otros dibujantes (Miguel Rocha, Jorge González y Roberto Gomes). Son historias demasiado surreales para mi inventiva gráfica y ellos las podrán dibujar sin tantas limitaciones.

¿Qué historietistas que te han influido más?

Yo los definiría como autores que admiro pero no me influyen; al menos conscientemente. Por ejemplo, admiro mucho a Dave McKean, pero está tan por encima de mí como artista gráfico que no sé cómo me puede influir. Considero muy importantes a los artistas que están trabajando en las fronteras y que están haciendo caer los límites y mostrándonos que se pueden hacer cosas que hasta ahora no se hacían o parecían prohibidas. No son una influencia directa pero sí me estimulan mucho.

La influencia principal y decisiva para LPBM es un historietista americano, Ben Katchor, que tiene una serie que se llama Julius Knipl, Real Estate Photographer. Son historias sueltas y cortas que pasan en la misma ciudad y cuyo vínculo es Julius Knipl, que es, supuestamente, un fotógrafo de edificios, aunque nunca lo veamos ejerciendo esa actividad. Ahí pienso que hay una influencia determinante en cuanto a estructura para LPBM.

¿Chris Ware?

Es uno de mis artistas favoritos. La verdad es que cuando lo leí no me apercibí de las potencialidades de esa estructura fragmentaria, sino que fue al leer a Katchor cuando me vino la idea de la estructura. Pero tú sabes que muchas veces es necesaria la confluencia de diferentes cosas. Al tiempo, leí un libro de Georges Perec, La vida modo de empleo, que también tiene una estructura fragmentaria. Perec es un constructor riguroso. En sus puzzles todo tiene un lugar preciso. Todas las partes contribuyen al sentido general y todo se imbrica. Pero yo no me veía con la capacidad para ejercer de constructor riguroso. Y tras la lectura de ambos realicé una síntesis.

Otra maldad más, tu dibujo guarda un aire de familia con el grafismo de José Muñoz.

Pienso que sí. A mí me gusta mucho el trabajo de Muñoz. El resultado final tiene puntos de contacto.

En los créditos además de músicos aparecen escritores como Borges, Calvino y Kafka. ¿Quiere eso decir que tu público potencial está más entre los lectores potenciales de esos escritores que entre los típicos lectores de tebeos?

Creo que sí. Probablemente Ficciones sea el libro que más veces he leído y Kafka y Calvino también son autores de referencia para mí.

¿Y Samuel Beckett y Paul Auster?

A Beckett nunca lo he leído. Probablemente si lo leo descubriré que hay puntos de contacto. Auster tiene preocupaciones similares a las mías, sobre todo la obsesión con el azar. Pero es un autor que no me gusta nada de nada. Yo leo cosas muy diversas: novela, poesía, cómic o ensayos de los más variados campos. Algunas, por alguna ignota razón, son canalizadas y me nutren directamente, otras me gustan pero no producen resultados visibles.

 

PENÍNSULA IBÉRICA

España y Portugal, tan cerca pero a la vez tan lejos ¿En Portugal conocen más cosas de España que a la inversa, por lo que a tebeos se refiere?

Es verdad. Portugal es un país que por su propia naturaleza está muy abierto hacia los estímulos exteriores. La literatura española está bien representada en Portugal, pero en el campo de los cómics no hay una gran divulgación de los autores españoles excepto Prado y, más recientemente, Guarnido. Existe un problema que es estructural y que proviene de razones técnicas y económicas. Durante años, el mercado portugués estuvo dominado por una única editorial, Meribérica, que sólo publicaba escuela francobelga. Miguelanxo Prado nos llegó porque Castermann lo publicó en Francia, si no, no hubiese llegado, al igual que los italianos Pratt y Manara. Ahora el mercado portugués es un poco más diverso y unos de los lanzamientos de este año en el festival de Amadora ha sido A las mujeres no les gusta follar de Álvarez Rabo, que viene de España sin pasar por Francia.

¿Qué otros autores lusos, además de los publicados, recomendarías para que tomen nota las editoriales españolas?

Sugeriría de João Fazenda, con guión de Pedro Brito, Tu és a mulher da minha vida, ela é a mulher dos meus sonhos y de Filipe Abranches História de Lisboa.

Un rasgo muy común a la mayoría de historietistas lusos actuales es la gran influencia que la literatura ejerce en sus obras. En ti: Gabriel García Márquez y el realismo mágico en Miguel Rocha, la tragedia griega y la novela negra en Lourenço Mutarelli, o Borges y Kafka, entre otros. ¿A qué crees que se debe esta contaminación?

Bueno, olvidas también que Diniz Conefrey ha hecho adaptaciones libres de poemas de Helberto Helder, uno de los grandes poetas portugueses, en Arquipélagos. También David Soares en Mr. Burroughs tiene obvias referencias literarias y creo que sería un autor que tendría buena recepción en España. Pero la razón de esta constante por la que me preguntabas la desconozco.

 

UNA BANDA DESACOMPASADA

¿Hay novedades en esta cuarta entrega?

No. En LPBM cada historia de dos páginas pretende ser una novedad, cada volumen es ante todo una compilación de historias libremente articuladas en torno a un tema central. En este volumen el tema es la compleja relación entre los hombres y el progreso científico y tecnológico, y las perversiones que hacen que este progreso no se traduzca necesariamente en un aumento de la felicidad, realización, plenitud y lucidez humanas para el ciudadano medio y sí se convierta en un vértigo angustiante o anestesiante.

Leyendo LPBM no sé si su autor es portugués o es checo.

Es verdad. La realidad portuguesa no está aquí presente. El medio que me inspira no es el medio de la cultura en la que habito, sino el medio de la imaginación en la que vivo. Los libros que me influyen no son necesariamente portugueses. Portugal tiene la suerte de tener muy buenos escritores y poetas, y algunos de ellos son también mis favoritos ,pero yo no soy nada nacionalista en mi dieta cultural. Cuando escribo estas historias intento que no haya referencias concretas a ningún lugar ni tiempo precisos. Me gusta mezclar las referencias. Por ejemplo, en el ámbito gráfico tengo un imaginario de los años cincuenta en el cual introduzco deliberadamente anacronismos.

En tus historietas eres muy crítico con la sociedad.

No pienso que haya existido una edad de oro, pero tampoco que estemos caminando hacia el abismo. Pero, cuando miro a mi entorno y veo las cosas que pasan, pienso que la sociedad podría ser mejor. Hay muchas cosas estúpidas, muchas formas de alienación que hacen que el hombre moderno no disfrute íntegramente de todas las ventajas. En estos momentos podríamos estar viviendo mucho mejor si fuéramos inteligentes, más atentos y más críticos.

Todos los personajes que aparecen en LPBM, y aparecen muchos, son unos infelices.

Estos personajes, en cierta forma, son los personajes de la sociedad actual. Esta insatisfacción, esta falta de realización es el reflejo de las cosas que pasan en nuestro mundo.

¿Estos personajes se merecen ser felices?

[Risas] Éstos que están en LPBM estarán condenados para siempre a vivir estas vidas. Alguien me preguntaba si la peor banda del mundo llegará alguna vez a tocar en armonía. La respuesta es rotunda y es que no. La naturaleza profunda de estos personajes es fracasar.

 

Algunas obras de José Carlos Fernandes

- La serie: La Peor Banda del Mundo. Números publicados:

  1. El Quiosco de la Utopía
  2. El Museo Nacional de lo Accesorio e Irrelevante
  3. Las Ruinas de Babel
  4. La Gran Enciclopedia del Conocimiento Obsoleto
  5. La Oficina de Desechos Postales
  6. Los Archivos de los Prodigioso y lo Paranormal

- La última obra maestra de Aaron Slobodj

- Tratado de Umbrología