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Maus: A survivor's tale

por Roberto Goñi

Publicado originariamente en 2007 en la web de la La Casa de los Malfenti (Nº23).

 

Noveno arte

Primero llegó en 1895 el Cine; el Séptimo Arte. Era tanta la gente que disfrutaba con aquel experimento que mezclaba la fotografía y el movimiento que se creyó necesario dotar de seriedad al pasatiempo. Pasaba a la historia el sentirse culpable por malgastar el tiempo; ahora, con el cine como arte, lo suyo era invertirlo (el tiempo, se entiende) en nuestro desarrollo cultural.

En 1896, un año después, Outcault dibuja el primer cómic; “Yellow Kid”. Literatura sin apariencia de literatura, leer sin leer. Y como no, nace el Noveno Arte. El tiempo ayuda a consolidar el invento y de esta forma llegan maestros de la talla de Will Eisner, George Herriman o Cliff Sterret.

La justificación del salto entre el Séptimo y el Noveno Arte, la debemos buscar en los años 10 y 20 del siglo pasado. Nace la Radio. Misteriosamente, a pesar de nacer algunos años más tarde que el cómic, este medio se hace con la denominación de Octavo Arte. Son los años del fanatismo por la Radio, existen foros mundiales de científicos y amantes de la Radio y todo el mundo habla de las excelencias del nuevo medio. Pero será Hitler el que, a través del uso fraudulento de la radio, hará que ya prácticamente nadie la considere un arte. De hecho, en la actualidad hay quien utiliza la denominación de Octavo Arte para referirse a los videojuegos.

Pero, ¿de dónde proviene el nombre de cómic? ¿No existe en castellano un vocablo más apropiado para este arte?

Existen muchas denominaciones para esta nueva forma de narrar. Historieta es un término conocido tanto en España como en Latinoamérica, aunque existen diferentes términos en función del País en que busquemos. En Venezuela se denominan “comiquitas”, en Cuba y Colombia son “muñequitos”, en México y Chile “monitos” y en otros idiomas el cómic se viste con diferentes grados de exotismo: “História em quadrinhos” en Brasil, “lianhuanhua” en China, “manga” en Japón… Pero será en los años 70 cuando el término inglés “cómic” se imponga en el mundo hispano parlante y se acepte como palabra asimilada para la lengua de Cervantes.

Supuestos antecedentes prehistóricos aparte, el cómic tal y como se entiende hoy en día tiene su origen, tal y como ya se ha comentado anteriormente, en 1986, concretamente el 16 de febrero, día en que Richard Fenton Outcault publica en el New York Journal la tira cómica “The Yellow Kid and his new Phonograph”. Esta tira fue la primera en tener la peculiaridad de presentar imágenes en secuencia y en mostrar el diálogo de los personajes mediante globos (hasta ese momento los textos de los personajes se colocaban al pie de la viñeta).

 

The Yellow Kid, el primer personaje de cómic

 

Y vale ya de introducciones… Es momento de abrir nueva sección en La Casa de los Malfenti: la dedicada al apasionante y a menudo denostado mundo del cómic. Soy consciente de que a partir de hoy pasaré a ocupar el rol de “Friki” en la Casa, un precio escaso que pago contento si a cambio consigo que alguien (aunque sea por despiste) tome por primera vez entre sus manos una sola de las joyas “comiqueras” que pretendo comentar, joyas como la que he escogido para iniciar la sección, el cómic titulado…

“MAUS, A survivor’s tale” (“MAUS, historia de un superviviente”)

 

 

“MAUS, a survivor’s tale” o el cómic como medio de expresión

Escrito y dibujado por el autor norteamericano Art Spiegelman, “Maus” está considerado unánimemente por la crítica como uno de los mejores cómics de la historia. De él se han dicho cosas como:

“El relato más efectivo y exitoso que jamás se haya hecho sobre el Holocausto”. The Wall Street Journal

“Un logro sin ruido, conmovedor y sencillo, imposible de ser descrito con precisión e imposible sino mediante el cómic”. The Washington Post.

“No ocurre muy a menudo que aparezca un libro que sea tan arriesgado como aclamado. Éste es uno de dichos libros”. Esquire.

“La verdad es que Maus es un libro que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, te conmueve; cuando sufren, lloras. Poco a poco, a través de este relato compuesto de sufrimiento, humor y los desafíos de cotidianos de la vida, uno queda atrapado por el lenguaje de una antigua familia del este de Europa, y es arrastrado por su ritmo suave e hipnotizador. Y cuando uno acaba Maus, se siente triste por haber abandonado ese mundo mágico…” Humberto Eco.

Este cómic, básico en cualquier biblioteca que se precie, ha sabido trascender la barrera del público especializado consiguiendo un reconocimiento notable: recibió el premio Pulitzer en 1992 (siendo la única ocasión en que este premio se otorga a un cómic), una beca de la Fundación Guggenheim y dio lugar a una exposición monográfica en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Inicialmente Maus fue publicado periódicamente en la revista norteamericana “Raw” entre 1980 y 1991, y más tarde fue editado en Estados Unidos en dos volúmenes, “Mi padre sangra historia” y “Aquí empezaron mis problemas”.

“Maus” es la historia de un superviviente de Auschwitz, Vladek Spiegelman narrada a su hijo Art (el propio autor del cómic). De esta forma, Spiegelman rompe la primera barrera de una tradición gráfica no escrita: utiliza el cómic como medio de expresión autobiográfica, enfrentándose con seriedad a un tema fuera de la órbita típica de la historieta. Pero el relato no se centra exclusivamente en la historia transcurrida en el campo de concentración, sino que mediante un juego de idas y venidas en el tiempo retrata la complicada y tensa relación paterno-filial entre Vladek y Art. Spiegelman va más allá del Holocausto y se instala en la psicología del superviviente, planea sobre la sombra de una madre suicida y de un hermano santificado al que nunca conoció. El equilibrio es perfecto; risas y llanto; retrato humano y reconstrucción de una época. El momento cumbre del texto, y que se me disculpe el adelantar un detalle que quizá haría mejor ocultando, llega cuando en la penúltima página del cómic aparece una foto real de Vladek; es entonces cuando uno se da cuenta de lo que tiene entre manos, tiembla la percepción que teníamos del tebeo hasta ese momento y no puedes dejar de exclamar: ¡Esto es bueno de verdad!

Nacido Spiegelman en Estocolmo al final de la guerra, sus padres y él se van a vivir a Estados Unidos siendo él apenas un bebé. En 1968 su madre se suicida y lo deja aún con más conflictos existenciales. No entiende a su padre ni su forma de ser. Cuando años más tarde, Art se convierte en artista decide plasmar la historia de padre en un cómic, tratando de sublimar de esta forma su propia experiencia vital. El resultado; Maus.

Un detalle clave, que conscientemente he querido tardar en comentar, se relaciona con el mecanismo escogido por el autor como medio de narrar la historia. Speigelman se vale de animales antropomórficos, en concreto ratones (de ahí el título del libro; Maus en alemán significa ratón). Pero la elección de este detalle no es banal, sino que responde a un fin narrativo; el de crear una alegoría del holocausto alejado de las convenciones y las formas narrativas tradicionales. De esta forma, los judíos son representados como ratones, los nazis como gatos, los polacos como cerdos y los americanos como perros.

 

 

Pero Spiegelman no se queda ahí. Expande las posibilidades del lenguaje de la historieta más allá de las viñetas, utilizando recursos innovadores, como gráficos y esquemas para explicar la distribución de las cámaras de cremación, o la utilización del cómic dentro del cómic, en el momento en el que el autor se retrata a sí mismo dibujando, luchando con poco éxito contra la depresión.

En definitiva, Spiegelman rompe los esquemas culturales utilizando un formato ligado tradicionalmente al desenfado, la sátira o la caricatura para enfrentarse a un tema tan serio como el Holocausto. Y aunque parezca increíble, el resultado de este cóctel increíble es espléndido. El lector vence sin percibirlo las reticencias que pudieran haberse creado ante la sucesión de monigotes ratunos. Nos olvidamos de que son eso, ratones, e inmediatamente sufrimos, nos alegramos o desesperamos junto a personajes tan reales como ficticios. Encontramos humor dentro de la tragedia, incomprensión en el seno de la familia, anhelo por conocer, por desentrañar un pasado demasiado cruel.

Historia hecha comic; biografía en viñetas; arte en definitiva. Si sólo vas a leer un cómic en tu vida, no lo dudes, que sea este…

 

Art Spiegelman

Art Spiegelman nace en 1948 en Estocolmo, donde se habían establecido sus padres, Vladek y Anja tras haber pasado por los campos de concentración nazis. Posteriormente, en 1951, se trasladan a Nueva York.

En la década de los 60 combina trabajos tales como la realización de la serie de cartas Garbage Pails Kid para la Topps Chewing Gum Co. con la creación de historietas underground, en muchos casos de corte autobiográfico.

En 1977 se casa con Francoise Mouly. Al año siguiente ambos crearían la revista Raw, sinónimo desde entonces de vanguardia en el mundo del comic. Bajo dicha cabecera tendrán cabida historietas de autores americanos artísticamente inquietos, así como el trabajo de diversos autores europeos desconocidos en el nuevo continente.

También será dentro de la revista Raw donde comience la serialización de Maus, la narración de las andanzas de la familia Spiegelman en la Alemania nazi. Publicada en forma de dos tomos, y traducida a múltiples idiomas, es una de las obras maestras del medio de todos los tiempos, demostrando hasta donde es capaz de llegar este y permitiendo quitarse la etiqueta de medio de expresión menor. La obra recibió un premio Pulitzer en 1992.

Desde entonces, el trabajo de Spiegelman se ha repartido entre las tareas de ilustrador (colaboraciones en revistas como The New Yorker, o el libro The Wild Party ilustrando un poema clásico de Joseph Moncure) y las de magisterio (en instituciones como New York School of Visual Arts).

 

 

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